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SSD NVMe vs SATA para empresas: diferencias reales y cuándo importa
Un NVMe multiplica hasta por seis la velocidad secuencial de un SATA. En arranque y ofimática la diferencia es menor de lo que parece.
Un SSD SATA alcanza unos 550 MB/s secuenciales, mientras que un NVMe PCIe 3.0 supera los 3.000 MB/s y un PCIe 4.0 los 7.000 MB/s. La diferencia es enorme en papel, pero en el uso diario de ofimática (arranque, navegador, hojas de cálculo) ambos se sienten parecidos: el salto grande ya se dio al abandonar el disco mecánico.
El NVMe sí marca diferencia en edición de video, compilación de software, bases de datos locales y cualquier flujo que mueva archivos de varios gigabytes. Para esos puestos, el sobrecosto del NVMe se paga solo en horas recuperadas. Para el resto, un SATA de buena marca con DRAM caché rinde de sobra y suele costar menos por gigabyte.
Al comprar por volumen, estandarice una sola referencia de cada tipo y exija la ficha técnica del modelo exacto, no solo la marca. Revise la resistencia de escritura (TBW) y la garantía en años: un SSD empresarial barato con bajo TBW sale caro cuando empieza a fallar fuera de garantía.